La luz que desprendia su alma, su sonrisa tan clara gracias a natura, la paz y el amor que abundaban en su corazón.
Era como el la describía, y al hacerlo se iluminaba su rostro, la amaba mas que a su propia vida, con el alma. Ese amor tan incondicional que el proclamaba hacia ella, y aunque el espacio, el tiempo y las circunstancias no lo permitieran, el guardaba su sonrisa en el rincón de su corazón.
Era su musa en tiempos de inspiración, su brújula en tiempos de encuentro, su todo.
Tan admirable el hombre que ama sin esperar ser correspondido.

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